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jueves, 20 de septiembre de 2012

Fran Recio "Hotel Colonia Puig".

El Hotel Colonia Puig, situado a las faldas del santuario de Montserrat es de aquellos enclaves abandonados que bien merece la pena el ser visitado. Si observamos fotos de unos años atrás veremos que, como todos los lugares que caen en abandono, éste tampoco se ha librado del vandalismo. Fue abandonado a su suerte con prácticamente todo en su interior, cocinas, sillas, mesas, equipo eléctrico e incluso teléfonos. Hoy en día ni siquiera se asemeja a lo que en su día fue, refugio de excursionistas y ciclistas que incluso si alguno tenía conocimientos sobre música, podía tocar un piano que quedó olvidado en su interior. Hoy apenas unas maderas maltrechas por la humedad y unas varillas, recuerdan que ese amasijo de piezas destrozadas un día conformaron un imponente piano.


 En su interior todo parece que forma parte de una cuenta atrás, para que llegado el día, su angosto interior se desplome. Los pisos superiores están en muy mal estado, apenas quedan cristales ni ventanas y la maleza de los alrededores parece ansiosa por devorar este enclave. Sus pasillos tenebrosos invitan a soñar y si uno conoce su historia, o lo que queda de ella, aun más. Sombrías estancias parecen albergar llanto, como si cada ladrillo de este hotel agonizase en muda congoja. Realmente no hay demasiada información acerca de este Hotel. Lamentablemente muchas historias de las narradas no pueden ser comprobadas y forman parte de la leyenda urbana. Las referencias que se encuentran en hemerotecas hablan de sus menús, de sus precios y de su elegancia, no en vano fue considerado uno de los hoteles más esplendorosos de principios del siglo XX. Sería posible ahondar más en los por menores de su historia, fechas de inauguración y cierre y demás datos, pero ciertamente esta información no es relevante para un artículo de misterio ya que en esencia, los datos que he podido encontrar son más que suficientes para iniciar todo un seguido de investigaciones, y hablo en plural ya que debido a los diferentes resultados y con los diferentes investigadores con los que he acudido, este enclave bien merecerá diversos artículos


. La historia más relevante sucede cuando en 1936 pasa a manos del Gobierno Militar, que usa sus instalaciones como hospital de campaña donde diferentes personalidades recibirían atención medica en este hotel. Pasados los tiempos de guerra el hotel intenta recuperar su normalidad, pero años más tarde, se supone que en los inicios de los años 80 o a mediados cerraría definitivamente sus puertas para caer en el olvido y abandono. Heridos de guerra, mutilados y muerte impregnarían el lugar durante su periodo de hospital. Las escenas de dramatismo y emotividad serían pan de cada día y según afirman algunos videntes o psíquicos (como queramos llamarles) las almas de algunos de los que allí perecieron deambulan por sus instalaciones ahora ya derruidas. Ciertamente no hay información alguna de visiones ni de apariciones ni de ningún fenómeno paranormal que atormentase a trabajadores o inquilinos, pero en aquella época de haberse sucedido experiencias que hoy relacionaríamos con lo paranormal, desde luego serían experiencias que quedarían en el interior de quien las viviese. Como podemos ver, el misterio se coge con pinzas en este enclave. Poca cosa hay segura. Pero lo verdaderamente cierto y lo que nos ocupa, si realmente ocurrió algo, sucedió en el tiempo en el que fue hospital, con la tragedia que conlleva.


Una noche cualquiera y tal vez movidos por una ley no conocida denominada “Azar” después de una ruta de visita por el enigmático pueblo viejo de Belchite, el equipo compuesto por Jordi Bosch, Micaela Pedrosa, Ovidio Costilla, Antonio Gómez y yo, Fran Recio, decidimos visitar este enclave, nuestro interés era realizar unas experiencias psicofónicas y tener una primeras impresiones sobre el lugar (año 2011) Amparados en la oscuridad de la noche y teniendo ante nuestra vista la imponente fachada de grandes dimensiones, nos decidimos a entrar en el hotel, el lugar es sombrío y agonizante, nuestros flashes iluminaron el interior durante el clásico barrido fotográfico, algo parecía respirarse en el ambiente, de momento achacado a la sugestión con el agravante de nocturnidad. No en todos los lugares se siente lo mismo por muy abandonados o tétricos que sean, pero a pesar de encontrase su interior en un estado deplorable, algo parecía habitar entre ladrillos derruidos y restos de sillas y mesas.


 Nuestro primer centro de operaciones: el salón comedor. Unas velas darían la luminosidad necesaria y nos harían entrar en situación. Todo un equipo de grabadoras analógicas y digitales ocupaban los restos de una vieja mesa con tres patas. A partir de aquí preguntas lanzadas al aire, esperando que desde algún lugar y desde algún espacio alguien o algo impregnaría nuestras grabadoras con mensajes psicofónicos, cosa que desde luego se verificaría durante el análisis en casa, pero como es costumbre en este y en otro tipo de enclaves, los registros obtenidos tanto podían referencias sucesos acaecidos en este Hotel como no.


 Desde hace algún tiempo vengo pensando en que hay que innovar. Está claro que la mente juega un papel crucial en el fenómeno paranormal y aunque asegurar que estas manifestaciones sean creadas por nuestra mente puede resultar una “barbaridad”, tan grande como afirmar que provienen de seres desencarnados; y es que ninguna de las dos posibilidades está probada a ciencia cierta. Aún así es altamente probable que el puente de conexión entre varias realidades pueda ser nuestra mente. Sin embargo somos pocos, al menos de momento, los investigadores que incluimos personas sensitivas o psíquicas en nuestras experiencias e investigaciones. No obstante se abre todo un abanico de posibilidades nuevas y mediante estas personas buscamos provocar, atraer al fenómeno y no esperar a que de forma aleatoria o causal se muestre.


Los resultados obtenidos serán expuestos en diferentes artículos, para que sea el lector el que extraiga sus propias conclusiones. Para muchos todo lo que se llega a sentir en este tipo de lugares forma parte de nuestros miedos, inquietudes o de nuestra propia sugestión. En este sentido el vocablo sugestión es siempre bien atendido y usado por los detractores de los sensitivos. El miedo es inherente a la investigación, va con ella, pero la mayoría de cuantos amamos el misterio cambiamos dicho estado por ganas de conocer, por curiosidad, una curiosidad que se acrecienta con cada trabajo, con cada experimentación y sobre todo se aprende que el misterio no es tan dañino ni maléfico como algunos pretenden mostrarlo. Dos sensitivos componen nuestro equipo, ella y él. Aparte de la experimentación psicotónica, éstas personas se percatan de los lugares en donde ellos “ven” determinadas energías o entidades (un nombre u otro según el gusto del investigador). En aquella primera visita a este Hotel, ciertamente sentían “algo” y ese algo parecía envolver el ambiente, moviéndose caprichosamente de un lado a otro. Así mismo corrientes de aire deambulaban de un lugar hacia otro. Posiblemente ésto era ocasionado por la falta de cristales en las ventanas, sin embargo se dieron cita unas sensaciones y unos efectos que no se habían dado hasta el inicio de nuestra experiencia.


Los sensitivos alertaban de presencias extrañas en lo alto del comedor, en una especie de palco y en la cocina, la cual da directamente al lugar en el que nos encontramos, tanto Jordi como un servidor realizábamos fotos por doquier, guiados por las indicaciones de ambos sensitivos, pero el fenómeno parece mostrarse con una cierta inteligencia y parece mutar con tan solo ser observado o incluso se modifica con nuestra propia intencionalidad. Según algunos médiums, algunas almas pueden quedar atrapadas en una especie de interfase, a mitad de camino entre dos mndos, es decir, sin llegar a estar en nuestro mundo material y sin llegar a pasar al más allá. Y aunque, tal vez, este tipo de comentarios sean señalados por algunos como poco rigurosos o poco científicos, me parece del todo apropiado el incluirlos en este artículo. Se cree que determinadas personas pueden llegar a desencarnar y, en ciertas ocasiones, pueden llegar a no tomar consciencia de su situación ;y aun teniéndola pueden llegar a quedarse ligadas de los lugares que fueron para bien o para mal, especiales para ellos.


 Lo que quiera que fuese que presentían los sensitivos, se circunscribía en un momento dado en la cocina. Recuerdo como Antonio en un acto de valentía y de ilusión, se acerca y se adentra en la cocina. Comenta que ha encontrado algo en el interior de una de las cámaras frigoríficas, un zorro disecado. Dice que se presta a traerlo, pero la carga emotiva le hace desistir y somos nosotros quienes nos acercamos para verlo.


En realidad nada de misterio tan solo un pobre animal que en su día fue presa de un taxidermista. En aquel momento y con tan solo un ojo de cristal, el pobre zorro era un elemento más del siniestro escenario. Las sensaciones iban y venían y se señalaban en un lugar y en otro. Nuestro segundo campo de operaciones: un angosto pasillo, en donde nuevamente realizamos pruebas psicotónicas.



De nuevo las sensaciones de sentirse observado y de que algo nos acompañaba estaban a flor de piel. Sin embargo las sensaciones no se acrecentaban de forma aleatoria, sino que unas veces se sentían para después mermar. Tras nuestra insistencia de que nos diese una señal física de su presencia, en un momento dado algo sonó, como unas pisadas contundentes en el piso de arriba. En primera instancia pensé que se trataba de algún animal, las ratas que corren por el cielo raso pueden llegar ha hacer sonidos espectacularmente potentes, pero solo se dieron esa especie de golpes, en el preciso momento en que lo solicitamos. Más tarde una cierta normalidad volvía a inundar aquel tenebroso pasillo y “aquello”, fuese lo que fuese, se había marchado.


Realmente probar y registrar este tipo de sucesos resulta arduo complicado, pero lo importante son las vivencias, las experiencias que entraran a formar parte de una estadística para su posterior estudio. A modo de anécdota, cuando los sensitivos alertaban de “esas presencias” se escuchaba el canto de un búho y, según alguna leyenda, estos animales son capaces de ver las almas de los seres desencarnados. La experimentación con sensitivos sigue siendo para muchos tabú, pero no hay que desechar posibilidades simplemente porque éstas no nos gusten. Ésta fue una primera visita en que ciertamente todos estuvimos expectantes. Obtuvimos algunos resultados picofonicos, pero sobre todo,nos dejamos guiar por las indicaciones precisas de los sensitivos. Tan solo fue un primer contacto con un lugar al que califico como “muy especial” y que nos llamaría en ocasiones sucesivas. Pero estas otras tantas experiencias ya conformarán posteriores artículos, en un lugar donde una investigación continua abierta. Fran Recio (18-9-2012)

viernes, 7 de septiembre de 2012

Colonia Textil Soldevila

El origen de la colonia Soldevila nos remite a Josep Soldevila Casas, hijo de Pere Soldevila-un importante industrial textil del siglo XIX-, que fue quien compró, en 1890, los terrenos de la masía Lledó, junto al río Llobregat - 1 km al norte de La Rabei-, para construir, primero, una fábrica de hilados y tejidos de algodón que aprovechara el agua del río como fuente de energía y, a continuación, un conjunto de viviendas para meter los trabajadores de la fábrica.La fábrica se comenzó a construir en 1894 y se puso en funcionamiento en 1897. Dos años después, en 1899, ya fueron construidos los primeros pisos por los obreros. Pronto se levantaron nuevas viviendas y, a la vez, diferentes servicios y equipamientos para uso de las familias de la colonia. En 1910 acabaron las obras de construcción de los pisos de la calle Viejo que llegaban hasta el café-teatro, que era el centro de ocio y esparcimiento de la gente de la colonia. En 1922 se estrenaron el resto de viviendas de la calle Viejo y los pisos de la calle Nou. En total, 74 viviendas donde vivía la gente de la colonia; mayoritariamente familias numerosas que trabajaban, todos juntos y desde muy pequeños, en la fábrica.El conjunto urbanístico de la colonia fue construido muy cerca de la iglesia románica de Sant Esteve (del siglo XII), por lo que la colonia Soldevila también ha sido conocida como San Esteban o colonia de San Esteban. En el conjunto de la colonia, en 1930, ya vivían 400 personas. En aquellos momentos Balsareny, incluyendo las colonias que forman parte de su término, era la cuarta población, en número de habitantes, del Bages, detrás de Manresa, Sallent y Cardona.Después de la Guerra Civil y los años más duros de la posguerra la colonia siguió creciendo. En 1950 en la fábrica de la colonia trabajaban 650 personas. Esta situación de pleno empleo de los pisos de la colonia se mantuvo hasta la década de los sesenta, cuando se hicieron palpables los primeros indicios de crisis del sector textil catalán. Fue también durante los años cincuenta y sesenta cuando la vida cultural de la colonia tomó más impulso: en 1948 apareció el Esbart Dansaire San Esteban y se empezaron a escenificar los Pastorets.
                                                                                      


En 1963 apareció la coral San Esteban.En 1960, el 80% de la población activa de Balsareny todavía trabajaba en el sector textil. A partir de este momento, este porcentaje se fue reduciendo. En el año 1966 cerraron las fábricas del Molino y Vilafruns y las que siguieron funcionando fueron sufriendo constantes episodios de crisis y reducciones de personal. En 1983, en la colonia Soldevila ya sólo trabajaban unas 150 personas. Finalmente la fábrica cerró en 1993.

                                              
 

 


TV-3 estrena la miniserie basada en la novela de Sílvia Alcàntara, protagonizada por Pep Planas y Maria Molins

Hace cuatro años, la novela 'Olor de colònia', de Sílvia Alcàntara, fue un insospechado éxito de ventas. En ella, la autora evocaba la vida de una colonia textil situada junto al río Llobregat en los años 50 a través de diferentes historias personales y colectivas. El realizador Lluís Maria Güell, director de 'Les veus del Pamano' y 'Ermessenda', ha sido el encargado de llevar la obra a la pequeña pantalla en forma de miniserie.


  Pep Planas, Míriam Iscla y Maria Molins.  
 
Pep Planas, Míriam Iscla y Maria Molins.
La trama está ambientada en el año 1953, en la Colònia Vidal de Puig-reig (Berguedà). El enclave forma parte de ese casi centenar de comunidades industriales que desde mediados del siglo XIX poblaron las riberas de algunos ríos catalanes (sobre todo el Llobregat y el Ter) y en las que compartían terreno la fábrica y los espacios de vivienda, servicios y ocio.
En la Colònia Vidal residió la escritora Sílvia Alcàntara durante 20 años y aquí es donde se ha rodado 'Olor de colònia', la adaptación de la novela del mismo título de la autora catalana y que evoca ese tiempo.
El rodaje de esta producción de Televisió de Catalunya y Diagonal TV ('Amar es para siempre'), con un presupuesto de 2.700.000 euros, se inició en noviembre del 2011 y recorrió otras colonias –como Cal Cases, Cal Marçal, Cal Prat, Viladomiu Nou y L’Ametlla de Merola– y también recaló en Barcelona.
«Es un homenaje a toda la gente que vivió y trabajó aquí y que levantó el país», comenta Guëll. Se calcula que en las épocas de mayor auge (los años 20 y las décadas de los 50 y los 60), la Colònia Vidal acogió a unas 110 familias, con cerca de 1.000 personas, en total. La fábrica en sí, alrededor de la cual se distribuían la escuela, la iglesia, el economato, el lavadero, las casas de los trabajadores y la torre del dueño, llegó a ocupar a unos 700 operarios.

       
La historia arranca en 1953 en la colonia textil Viladomat cuando Isidre, el escribiente principal de la colonia muere en el incendio de la fábrica y, al poco, su mujer, Teresa debe ceder la casa al nuevo escribiente principal, en Clemente, con quien vivió un amor de adolescencia nunca olvidado, pero que las circunstancias hicieron que se distanciaran y que ella se casas con Isidre y él con Matilde. Clemente comienza a notar irregularidades en los libros y albaranes, pero el director, el señor Boix, le dice que se trata de la comisión de los encargados y que eso es lo normal. Pero no es ésta la única preocupación de Clemente, ya que Celia, su hija mayor es una niña muy sensible que rechaza las normas de la colonia y esto crea conflictos dentro de la familia.

 

Han pasado cinco años y en la colonia todo sigue igual. Celia está a punto de hacer 14 años y le llega la hora de empezar a trabajar en la fábrica, como hacen todas las chicas de esta edad, pero Celia quiere continuar los estudios para poder irse de la colonia. Clemente y Matilde van a ver a la madre Priora, para saber qué deben hacer para que Celia siga los estudios, pero la Priora, en lugar de explicarles lo que quieren saber, les informa que Celia está en peligro por una intensa relación que tiene con una monja joven y renovadora, la hermana Ángeles. El conflicto se agrava hasta el punto que obliga a intervenir los mismos dueños. Teresa y Clemente se han ignorado durante años, pero, ahora, el problema de Celia con la monja y la noticia de que el Sidret, el hijo de Teresa y Isidro, tiene los estudios pagados en un buen internado de Barcelona los vuelve a poner en contacto y eso hace que la relación de Clemente y Matilde se resienta.